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domingo, 28 de febrero de 2010

F. Nietzsche: La voluntad de poder. Libro primero, “El nihilismo europeo”



EL NIHILISMO EUROPEO

 

LENZER HEIDE

10 de junio de 1887

1

¿Qué ventajas ofrecía la hipótesis moral cristiana?

1)     ella le concedió al hombre un valor absoluto en contraposición con su pequeñez y accidentalidad en la corriente del devenir y del perecer

2)     sirvió a los abogados de Dios por cuanto dejó al mundo el carácter de la perfección a pesar del sufrimiento y del mal -incluida aquella “libertad”- el mal apareció lleno de sentido.

3)     ella postula para el hombre un saber de valores absolutos y de esta forma le otorgó un conocimiento adecuado justamente para lo más importante.

Previno que el hombre se despreciara como hombre que tomara partido contra la vida, que desesperara del conocer: fue un medio de conservación. En suma la moral fue el mayor antídoto contra el nihilismo práctico y teórico.

 

2

Pero entre las fuerzas que la moral desarrolló estaba la inveracidad: ésta se vuelve finalmente contra la moral misma, descubre su teleología, su contemplación interesada -y ahora es el reconocimiento de esta mendacidad, convertida por mucho tiempo en segunda naturaleza, y que no se acierta a desechar sin desesperar, lo que obra justamente como estimulante. Hacia el nihilismo. Constatamos ahora en nosotros necesidades de lo no-verdadero: por otro lado, de ellas parece depender el valor gracias al cual soportamos vivir. Este antagonismo, no apreciar lo que conocemos y no estarnos ya permitido apreciar lo que queremos mentirnos: -da como resultado un proceso de disolución.

 

3

En realidad ya no tenemos tanta necesidad de un antídoto contra el primer nihilismo: la vida ya no es tan incierta, tan azarosa, tan absurda en nuestra Europa. Una tan desproporcionada potenciación de valor del hombre, del valor del mal, etc. ya no es hoy tan necesaria, soportamos una significativa reducción de este valor, nos está permitido admitir mucha absurdidad y mucho azar: el poder adquirido por el hombre permite ahora una atenuación de los medios de disciplinamiento, entre los cuales la interpretación moral era el más fuerte.

“Dios” es una hipótesis demasiado extrema.

 

4

No se abandona una posición extrema por una posición moderada sino por otra igualmente extrema, pero contraria. Y así es como la creencia en la inmoralidad absoluta de la naturaleza, en la falta de sentido y de fin, se apodera de nosotros como un afecto psicológicamente necesario, cuando ya no puede mantenerse la creencia en Dios y en un orden esencialmente moral del mundo. El nihilismo aparece entonces, pero no porque el displacer ante la existencia sea mayor que antes, sino porque nos hemos vuelto desconfiados hacia todo tipo de «sentido» en el mal, e incluso en la existencia. Una interpretación entre otras ha naufragado, pero como se creyó que era la única interpretación posible, parece que la existencia ya no tenga sentido, que todo sea en vano.

 

5

Queda por demostrar que este «¡en vano!» caracteriza al nihilismo actual. La desconfianza respecto a nuestras anteriores valoraciones llega a plantear esa pregunta: ¿Todos los «valores» no serían medios de seducción destinados a prolongar la comedia sin llegar nunca al desenlace? Si es verdad que «todo es en vano», si no hay objetivo ni fin, la duración se convierte en el pensamiento más paralizador, sobre todo cuando se comprende que se está siendo burlado y, sin embargo no se tiene poder para no permitirlo.

 

6

Consideremos ese pensamiento en su forma más temible: la existencia tal como es, sin sentido ni finalidad, pero inevitablemente retornando sobre sí, sin desembocar en la nada: el eterno retorno.

¡Esta es la forma extrema del nihilismo!: ¡la nada (la «falta de sentido») eterna!

Forma europea del budismo: la energía del saber y de la fuerza nos obliga a semejante creencia. Es la más científica de todas las hipótesis posibles. Nosotros negamos las causas finales: si la existencia tuviese un fin, ya lo habría alcanzado.

 

7

Entonces comprendemos que se aspira a lo contrario del panteísmo, pues si «todo es perfecto, divino, eterno», debe creerse igualmente en el «eterno retorno». Un problema: la abolición de la moral ¿es también la abolición de esa afirmación panteísta de todo lo que existe? En el fondo, lo que se ha superado es sólo el Dios moral. ¿Tendría sentido imaginar todavía un Dios situado «más allá del bien y del mal»? ¿Sería posible aún un panteísmo en este sentido? Si suprimimos del proceso la idea de un fin, ¿afirmaremos no obstante el proceso? Sí, en tanto en cuanto fuese alcanzado siempre un único y mismo fin dentro de ese proceso y en cada uno de sus momentos. Spinoza llegó a formular una afirmación de ese tipo atribuyendo a cada instante una necesidad lógica; y gracias a su incomprensible instinto lógico, pudo salir victorioso de un mundo construido de ese modo.

 

8

Pero su caso no es más que un caso aislado. Cada rasgo de carácter fundamental que se halle en el fondo de todo acontecer y se exprese en todo acontecer, en caso de ser experimentado por un individuo como su propio rasgo fundamental de carácter, tendría que llevar a este individuo a aprobar jubilosamente cada instante de la existencia general. Se trataría justamente de experimentar en sí mismo este rasgo de carácter fundamental con placer, como algo bueno, valioso.

 

9

Pero la moral ha protegido a la vida contra la desesperación, contra el hundirse en la nada entre los hombres y las clases brutalizadas y oprimidas por otros hombres: pues el sentimiento de nuestra impotencia frente a otros hombres y no frente a la naturaleza lo que engendra la amargura más desesperada contra la existencia. La moral ha considerado a los que detentan el poder y ejercen la fuerza, a los «señores» en general, como los enemigos del hombre común, de los cuales hay que protegerlo, es decir, en primer lugar animado y fortalecido. Por consiguiente, la moral ha enseñado a odiar, a despreciar en lo más profundo del alma lo que constituye el rasgo distintivo de los señores: su voluntad de poder. Suprimir, negar, derruir esta moral: esto sería proveer al impulso mejor odiado de una sensación y de una valoración inversas. Si el que sufre, el oprimido, dejase de creer que tiene un derecho a despreciar la voluntad de poder, se precipitaría en una desesperación desesperanzada. Se daría este caso si ese rasgo fuese esencial para la vida si se comprobase que incluso esta voluntad moral no es más que una máscara de la «voluntad de poder», que este odio y este desprecio mismos son también una voluntad de poder. El oprimido se daría cuenta entonces de que está situado en el mismo nivel que su opresor y de que no goza frente a él de ninguna prerrogativa, ni tiene un rango superior.

 

10

¡Más bien a la inversa!, no hay nada en la vida que tenga valor excepto el grado de poder -si se admite que la vida misma es voluntad de poder. La moral ha protegido a los mal-librados contra el nihilismo, atribuyendo a cada cual un valor infinito, un valor metafísico, mediante su integración en una jerarquía que no coincide con la del poder y la jerarquía mundanos: la moral ha enseñado la resignación, la humildad, etc. Suponiendo que esta fe en esa moral sucumbiera, los mal-librados, privados de consuelo, sucumbirían.

 

11

Este sucumbir se presenta como una autodestrucción, una selección instintiva de aquello que tiene que obrar la destrucción. Síntomas de esta autodestrucción de los mal-librados: la autovivisección, la intoxicación, la embriaguez, el romanticismo, y sobre todo la necesidad instintiva de realizar unos actos con las cuales se hace de los poderosos enemigos mortales (-criándose, por así decir, sus propios verdugos), la voluntad de destrucción, expresión de un instinto más profundo aún que el instinto de autodestruirse: la voluntad hacia la nada.

 

12

El nihilismo es el síntoma de que los mal-librados han perdido toda posibilidad de consuelo; de que destruyen para que se les destruya; de que, privados de la moral, ya no disponen de ninguna razón para «resignarse»: de que se sitúan en el plano del principio contrario y quieren, también ellos, ejercer el poder obligando a los poderosos a convertirse en sus verdugos. Tal es la forma europea del budismo, el hacer-No, una vez la existencia ha perdido su «sentido».

 

13

No es que la «penuria» haya aumentado: ¡al contrario!: «Dios, moral, resignación eran remedios contra un terrible grado de miseria: el nihilismo activo aparece en circunstancias relativamente mucho más favorables. El mero hecho de sentir que la moral está superada presupone un relativo nivel de cultura espiritual, y éste a su vez presupone un relativo bienestar. Un relativo cansancio intelectual, llevado por el largo conflicto de las opiniones filosóficas hasta un escepticismo desesperado respecto a toda filosofía, caracteriza también el nivel en modo alguno inferior de esos nihilistas. Piénsese en las circunstancias en que apareció Buda. La doctrina del eterno retorno tendría presupuestos eruditos (como las tenía la doctrina [de] Buda, por ejemplo: el principio de causalidad, etc.).

 

14

¿Qué significa en nuestros días la palabra «mal-librado»? Sobre todo tiene un sentido fisiológico, ya no político. La clase más insana del hombre europeo (en todos las clases) es el terreno en que crece ese nihilismo; ella concebirá la creencia en el eterno retorno como una maldición que cuando hiere hace que no pueda retrocederse ante ningún acto; esos no sólo querrán extinguirse pasivamente, sino hacer extinguir voluntariamente todo lo que hasta ese punto está desprovisto de sentido y finalidad; a pesar de que se trate sólo de un estertor de una rabia ciega ante la idea de que todo existe desde toda la eternidad, incluso este momento de nihilismo y de ansia de destrucción. -El v a l o r de semejante crisis  es que purifica, que agrupa a los elementos análogos y los hace corromperse mutuamente que asigna tareas comunes a los hombres de mentalidades más opuestas, que, incluso entre ellos, saca a la luz a los más débiles, a los más inseguros, y da así impulso a una nueva jerarquía de las fuerzas, basada en la salud; los señores reconocidos como señores, los esclavos reconocidos como esclavos. Esto, desde luego, fuera de todos los órdenes sociales existentes.

 

15

¿Quiénes aparecerán entonces como los más fuertes? Los más moderados, los que no tienen necesidad de creencias extremas. Los que no sólo aceptan sino que aman una buena porción de azar, de absurdo, los que pueden pensar al hombre dentro de una significativa reducción de su valor sin por ello verse empequeñecidos o debilitados: los más ricos en salud, los que están en condiciones de soportar las mayores desgracias y que, por ello, ya no temen la desgracia -hombres que están seguros de su poder y que representan con un consciente orgullo la fuerza alcanzada por el hombre.

16

¿Cómo pensaría un hombre así el eterno retorno?

 

6[15]

¡No buscar el sentido de las cosas sino introducirlo!

 

9[35]

(27) 1. El nihilismo un estado n o r m a l

Nihilismo: falta la finalidad; falta la respuesta al “¿para qué? ¿qué significa el nihilismo? -que los valores supremos se desvalorizan.

Él es a m b i g u o

A) Nihilismo como signo del poder incrementado del espíritu: en cuanto n i h i l i s m o  a c t i v o.

Puede ser un signo de fortaleza: la fuerza del espíritu puede haber crecido de tal manera que sus finalidades preexistentes (“convicciones”, artículos de fe) son inapropiadas.

En efecto, una creencia expresa en general la forzosidad de ciertas condiciones de existencia, una sumisión a la autoridad de circunstancias bajo las cuales un ser prospera, crece, gana poder...

Por otro lado, un signo de fuerza insuficiente para asignarse ahora nuevamente de modo productivo una meta, un “¿para qué?”, una fe.

Su m a x i m u m de fuerza relativa lo alcanza como fuerza de d e s t r u c c i ó n como nihilismo activo. Su contrario sería el nihilismo cansado que ya no ataca su forma más famosa, el budismo: en cuanto nihilismo pasivo.

El nihilismo representa un patológico estado intermedio (patológica es la enorme generalización, la conclusión de que no hay ningún sentido): ya sea que las fuerzas productivas no son aún lo suficientemente fuertes: ya sea porque la decadencia vacila y no ha inventado aún sus recursos.

B) Nihilismo como ocaso y regresión del poder del espíritu: el  n i h i l i s m o  p a s i v o  como un signo de debilidad: la fuerza del espíritu puede estar fatigada, agotada, de forma que las metas y valores hasta ahora existentes resultan inadecuados y ya no encuentran ningún crédito-

que la síntesis de los valores y las metas (sobre los que se funda toda cultura fuerte) se disuelve al punto de que los valores aislados se hacen la guerra: descomposición

que todo lo que reconforta, sana calma, anestesia, aparece en primer plano bajo diversos disfraces, religiosos, o morales, o políticos, o estéticos, etc.

 

9[48]

37) el constatar entre “verdadero” y “no-verdadero”, el constatar hechos en general, es fundamentalmente distinto del poner creativo, del formar configurar, dominar, querer, tal y como reside en la esencia de la filosofía. I n t r o d u c i r  u n  s e n t i d o  -esta tarea resta aún, sin duda, por cumplir, suponiendo que no haya ningún sentido. Así sucede con los sonidos, pero también con los destinos de los pueblos: se prestan a la interpretación y a la más diversa orientación hacia distintos fines. El estadio aún más alto es un poner-el-fin y dar forma a lo fáctico con base a ello, así, pues, la interpretación del acto y no simplemente la recomposición conceptual.

 

domingo, 11 de octubre de 2009

Metodología del comentario de texto

Comentario de texto.

Consideraciones teóricas sobre el comentario de texto:

1. Lo que es un Comentario de texto.

Uno de los objetivos fundamentales en filosofía es aprender a filosofar a partir de los propios textos filosóficos, es decir, leer y analizar las obras de los diferentes autores. Pero la labor de lectura es una labor ardua, una labor que requiere sobre todo tiempo y paciencia. Los textos de filosofía son muchas veces complejos y densos, no pueden leerse como el resto de la literatura, resulta conveniente, para quien se esté introduciendo en el estudio de la Filosofía, la lectura de fragmentos reducidos de aquellas obras que han desempeñado un papel fundamental en la Historia del Pensamiento. Lectura que debe acompañarse de una determinada actividad, que es precisamente la que nos iniciará en nuestro propio modo de hacer filosofía. De esta manera, el estudiante no sólo estará aprendiendo lo que nos han transmitido los grandes sistemas filosóficos, sino que además estará dando los primeros pasos en lo que podemos llamar "aprender a filosofar". Esta actividad que nos acerca enormemente a ese "aprender a filosofar" es el Comentario de Texto o análisis del mismo.

¿Qué es, entonces, un comentario de texto filosófico? Vamos a determinar esta cuestión bajo un doble ámbito. En primer lugar, lo haremos positivamente, es decir, acotaremos lo que puede ser un comentario. En segundo lugar, lo haremos negativamente, es decir, acotaremos lo que no debe ser.

Un comentario de texto consiste en analizar un fragmento breve de una obra filosófica. En dicho análisis es conveniente tratar una serie de cuestiones tales como: sobre qué tema gira el texto, qué problemas aborda, cuáles la tesis que se sostiene, cuáles son los términos más
relevantes que aparecen en el texto, cómo debe situarse el texto dentro de la obra del autor, qué circunstancias histórico-ideológicas condicionaron la obra, qué posibles relaciones pueden existir entre el texto en cuestión y otros textos filosóficos del mismo autor o de otros autores, etc.
Un Comentario de texto supone consiguientemente un análisis de un breve fragmento seleccionado de la obra de un autor, supone interpretar sus ideas,plantearse sus mismas preguntas, profundizar en sus respuestas, establecer una comparación con las aportaciones de otros autores, distintos y por último,sugerir nuevas preguntas y nuevas respuestas.

2. Lo que no es un Comentario de texto.

Como se ha podido apreciar, un comentario de texto implica una profundización en el mismo texto. Por ello, se ha de evitar incurrir en una serie de errores en los que es fácil caer cuando nos iniciamos en esta actividad. Un comentario de texto:
a) no consiste en hablar de toda la obra del autor, es decir, el texto no debe ser una excusa para que a partir del mismo se escriba todo lo que uno sepa de la obra a la que pertenece dicho texto.
b) no consiste en hablar acerca de la vida del autor, lo que menos importa es dónde nació, cómo vivió,dónde y cuándo murió el autor, etc.
e) no consiste en volver a decir lo mismo que dice el texto con otras palabras distintas, es decir no es parafrasear el texto, sin que se clarifique el mismo.
En resumidas cuentas, un comentario de texto no es una lectura sin más, sino que supone una profundización en las ideas, un desmenuzamiento de sus partes y un enriquecimiento de sus contenidos.

3. El modo de iniciar un Comentario de texto.

Antes de empezar a escribir es necesario realizar una serie de operaciones que son las que precisamente condicionarán el comentario a realizar.
Básicamente son éstas:

a) Estudio previo del autor y la obra, de modo que ello nos permita ubicar el texto dentro de la obra y ésta dentro de la época en que se escribió. Supongamos, por ejemplo, que el texto seleccionado corresponda a Platón y su obra. Será conveniente saber en qué contexto histórico y social se desenvolvió Platón, en qué etapa de su vida escribió la obra a la que pertenece el texto y cuál es la temática de la obra. Esta tarea nos permitirá establecer el marco general dentro del cual estableceremos nuestro análisis. Una Historia de la Filosofía nos puede ayudar.

b) Lectura del texto. Se debe leer varias veces el texto hasta que realmente se llegue a discernir no sólo el núcleo y la tesis central, sino también las principales ideas que el autor sostiene. Debemos, por consiguiente, averiguar el sentido del texto, osea, lo que el autor nos pretende decir.

c) Subrayar los términos significativos que aparezcan en el texto, lo cual facilitará su posterior análisis. Se trata de seleccionar tres o cuatro términos que tengan una relevancia importante dentro del texto. De estos términos seleccionados habrá que realizar un breve análisis con el fin de averiguar qué significado tienen para el autor y qué papel desempeñan dentro del propio texto.

d) Identificar el tema, la tesis y el problema del texto. Todavía no estamos en la fase de redacción. Ahora se trata de anotar cuál es el tema sobre el que gira el contenido del texto,cuál es la tesis que defiende el autor y qué problema aborda el texto.

El tema se rotulará mediante un concepto: la justicia, la libertad, la virtud, la paz, la sustancia, el movimiento, el alma, el conocimiento, el Estado, el poder, el mito, etc. Habitualmente,aunque no siempre, el tema coincidirá con un concepto que aparezca en el mismo texto.
La tesis se plasmará mediante un enunciado breve: "la conservación del poder es perniciosa", "es necesario establecer la distinción entre sustancia primera y segunda", "se debe defender la existencia de una sociedad justa", etc. La tesis es lo que el autor defiende, su idea principal. Lo más probable es que no aparezca formulada de un modo explícito, sino que se deberá elaborar a partir del sentido del texto.

El problema estribará en la pregunta (que poseerá dos o más respuestas posibles) que se le pueda formular ala tesis: ¿Cuáles son los medios para conservar el poder?, ¿qué es"previo", el individuo o el Estado?, etc. El problema es la razón por la que se ha escrito el texto, aquella o aquellas preguntas que se planteaba el autor sobre un tema y que le han impulsado a escribir. Posiblemente, tampoco encontremos formulado el problema de un modo explícito, y, por ello, deberá ser, al igual que ocurría con la tesis, detectado y redactado en esta fase previa.
Esta triple tarea es esencial para, después, iniciar un buen comentario. Ya no se trata sólo de averiguar, tras varias lecturas del texto,el sentido del mismo, sino de concretar cuál es el tema, cuál es la tesis, y qué problema plantea la tesis. Hay, pues, que escribir estos tres aspectos sobre el papel. El modo práctico de hacerlo es identificar el tema, a continuación formular la tesis mediante un breve enunciado (en forma afirmativa o negativa) cuyo sujeto será el concepto identificado como tema, y, por último,formular una pregunta que gire en torno a dicho tema. Por ejemplo:

TEMA: el mal.

TESIS: el mal sólo puede ser hecho por el ignorante.

PROBLEMA: ¿qué relación existe entre la sabiduría, la virtud y la posibilidad de hacer el mal?

Así pues, el tema es conveniente que aparezca tanto en la tesis como en el problema.

e) Subrayar las ideas principales que aparezcan en el texto, observando que no sean excesivamente largas, sino, a ser posible, que se limiten a un enunciado simple o una frase corta: "La inmortalidad del alma", "la excelencia de la virtud", etc.

f) Dividir el texto, mediante corchetes o paréntesis, en tantas partes cuantas ideas generales se sostengan en el texto. Dada la brevedad de los textos que habitualmente se proporcionan, suelen estructurarse únicamente en tres o cuatro partes, aunque esto dependerá del mismo. Al dividirlo se estará dando al texto una estructura que después servirá de una ayuda enorme para comentar de modo ordenado cada una de las ideas que aparezcan en el texto.

4. El desarrollo de un Comentario de texto.

Llega ahora el momento de empezar a redactar. ¿Qué y cuántos puntos deben confeccionarse? ¿Qué normas deben seguirse? En realidad, no existe una norma establecida que sea aceptada con carácter universal. Una propuesta que goza de gran aceptación y que contiene un gran número de ítems es la elaborada por la Universidad de Oxford, que estructura el comentario en cuarenta y cinco apartados. Tal vez para un nivel introductorio, que es el que nos ocupa, estas normas de Oxford sean excesivas, por ello sugerimos un esquema mucho más sencillo que realmente es eso, una sugerencia. He aquí nuestra propuesta, que guarda una correlación con las tareas que acabamos de indicar.

1) Breve resumen, a modo de introducción, en que figuren el tema, la tesis y el problema contenidos en el texto.

2) Análisis de los términos que previamente hemos subrayado, indicando cuál es el significado que les otorga el autor. Se debe tener presente que un mismo término puede tener diversos significados en función del autor que lo utilice. El término IDEA, por ejemplo,tiene distinto significado en Descartes y en Locke. (La utilización de un diccionario de filosofía ayudará indudablemente en esta tarea).

3) Análisis de contexto al que pertenece el texto a comentar. Se trata de llegar a comprender el texto averiguando cuáles son los condicionantes que han permitido su concepción, es decir, se trata de saber que no es un texto aislado, sino que el texto pertenece a una obra que fue escrita en, y por, unas circunstancias históricas, ideológicas, culturales, filosóficas, etc. determinadas.

Por ello procederemos:
- situando el texto a comentar dentro de la obra a la que pertenece.
- situando la obra dentro del conjunto de obras del autor.
- situando la obra dentro del contexto histórico-ideológico-filosófico en que se escribió dicha obra.
4) Análisis del texto. Estamos en el momento más importante del comentario, por ello, debe ser también la parte más amplia. Se trata de explicar lo que el autor ha pretendido decir en ese texto en concreto, de modo tal que se diga lo mismo que ha dicho el autor, pero sin repetir las mismas palabras que aparecen en el texto. Si se repiten, es necesario recurrir al entrecomillado: "¿Podrías decirme, Sócrates, si la virtud es cosa que se enseña?" Aunque es oportuno recurrir a esta fórmula, porque centra el análisis, no es conveniente abusar de la misma.

En este punto se atenderá:
¿Cómo se desarrolla el tema y la tesis central?
¿Qué ideas secundarias se añaden en tomo a la tesis central?
¿Qué problema se suscita con respecto a la tesis central?
¿De qué modo justifica el autor su postura?
¿A qué otras opiniones el autor contrapone la suya propia?
¿Qué pasos va dando el autor al desarrollar la tesis?
Todo ello deberá realizarse respetando el orden lógico en que las ideas aparezcan en el texto. Deberemos seguir,por tanto, la división que hemos realizado previamente.

5) Comentario crítico. Hemos llegado ya a la recta final. Se trata ahora de establecer unas conclusiones al comentario, que, en cierto modo, pueden ser las respuestas a algunas de estas preguntas:

¿En qué medida este texto supone un avance o retroceso con respecto alas opiniones de otros filósofos anteriores o contemporáneos al autor que nos ocupa?
¿Cómo ha influido la tesis del texto en otros filósofos contemporáneos o posteriores?
¿Cómo se ha visto afectada la tesis del texto por las aportaciones de otros filósofos contemporáneos o posteriores?
¿Qué grado de ambigüedad o precisión poseen los términos utilizados?
¿Qué grado de consistencia o incoherencia poseen los argumentos sostenidos por el autor?
El comentario final, por tanto, no consiste en una valoración personal en la que se limite a expresar si se está en acuerdo o en desacuerdo con lo argumentado por el autor, sino que es necesario fundamentar esa valoración apoyándose en alguno/s de los puntos arriba reseñados.

5. Observaciones finales.

La sugerencia que acabamos de indicar no es cerrada, esto es, su aplicación tal y como ha sido expuesta dependerá del texto a comentar. Un texto determinado puede requerir la modificación de los aspectos indicados, bien alterando simplemente el orden, bien quitando algún aspecto, bien añadiendo algún otro que no se ha considerado. En definitiva cada texto a comentar tendrá sus propias características, y ellas nos marcarán los aspectos en los que se debe incidir.
Por otro lado, la extensión del comentario estará en función entre otros factores del tiempo que se disponga para su redacción. Pero debe tenerse en cuenta que de las cinco partes, la más importante es la denominada Análisis del texto, por esto debe ser asimismo la más extensa, mientras que la amplitud del resto estará en función de ella. Conviene, por tanto, no extenderse excesivamente en alguna de las otras cuatro partes y que ello fuera en detrimento de esta parte. A modo de orientación práctica, esta parte debería tener como mínimo la misma extensión que el conjunto de las cuatro partes restantes, y éstas deberían a su vez guardar entre sí un cierto equilibrio.

En lo que respecta a la forma de la redacción, ésta debería realizarse de un "tirón", sin rótulos (Introducción, contexto histórico, etc.) y sin cuadros esquemáticos que contengan llaves, flechas, dibujos, etc.